Dentro de una atmósfera de inocencia, un papel tapiz retro, un rompecabezas que en ocasiones me confundía y una tremenda fascinación por su banda sonora, me dispuse a ver la película Le fabuleux destin d'Amélie Poulain por 3° vez. En esta ocasión fui capaz de prestar atención a detalles del film que en las otras dos oportunidades no tuve tiempo de observar. No sólo por sus simples y aveces tontas justificaciones, si no por su romántico, gracioso, sencillo y singular modo de contar una historia, esta película encadenó corazones que fueron capaces de olvidar su realidad y rutina por hora y media... y me incluyo.
Siendo la película francesa más taquillera de todos los tiempos, a 8 años de su lanzamiento sigue representando un cúmulo de ideas, pensamientos, recortes, postales y sueños de mentes que se conjugaron para crear tan armoniosa película que en lo personal, podría ver mil veces más.
Con las actuaciones de Audrey Tautou y Mathieu Kassovitz esta película es el perfecto ejemplo de cómo se puede desbancar al cine estadounidense con una receta totalmente inversa a la de los norteamericanos: el placer por las cosas simples de la vida, el amor como fuente de felicidad y la inocencia... que nos aleja por un momento de estos tiempos brutalmente globalizados.
Amélie y Nino
Cafè Deux Mulin en Montmartre, París. Lugar de trabajo de Amélie.
Estupenda película, estupendo comentario.
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